Letras El Olmo Da Peras


 
Insomnio

Insomnio me pesa en todas las palabras,
apuro sin prisa la arruga en mi sien,
unas campanas repican de miedo
y doce segundos cabalgan tras él.

Mierda podrida, caricia prohibida,
sonrisas ahumadas, entorno sin luz,
tensión dilatada, perdón sin retorno,
papel, papel sin tabaco, saludo de Dios.

Adiós, compadre, adiós,
recuerda que no comprendiste mi voz.
Descansa entre zarzas,
apoya tu frente en la barra del bar.

Maromo agorero, trasluce tu pelo
sonrisas de invierno, salón estival.
Y no malgastes en tontos placebos
la luna del tiempo que debe llegar.

Adiós, compadre, adiós,
creíste ser fuerte sin luna, sin sol,
obviaste las dudas, preguntas absurdas
que fraguan el tambor…

de la conciencia, tímida apuesta de cualquier corazón,
cinturón que aprieta en ausencia
de crestas en olas, de miga en la sopa
que encharca el amor,
déjalo correr, déjalo escapar,
los días transcurren sin tiempo
perdido en el miedo,
oscuro laberinto enraizado, nasal.


 
Perdido

Estoy perdido,
¡qué cosa tan curiosa!
Me canso de ser,
me canso de estar,
me derrumbo bajo los párpados
en tu perorar.

Mesar mis ideas
parece la mejor manera
de medrar con mi pensamiento
y me vuelvo a asombrar
bajo este sol desconchado
por la humanidad.

Caigo, me vuelvo a caer
por mi condición de ser
y estar en tu ducha.
Compartes el agua sin lluvia
y me siento vencido
en la cálida alcoba de cera.

Seguir caminando
podría parecer absurdo,
tanto como creer lo contrario.
Sufro el acoso
de latidos sin causa
que anhelan ser cosa.

Huir sin demora
se pierde en la boca.
Tengo a deshora
la sensación de ser
la vida más inocua
que pisa esta carretera
sin arcén.


 
No tengo

Miro hacia arriba, es cuesta arriba,
y se me mancha la boca de agua.
Un gran surtido de escarabajos peloteros
que me pellizcan la mirada.
Fuente Ovejuna, todos a una
y nos vamos por la pata baja.
Un cuerpo enjuto con veinte años
y la sonrisa demasiado cara.

Voy una vez más, rompo el cristal
y se me viene la fuerza abajo.
Quiero correr sin respirar,
sé que me ahogo sin mucho trabajo.
Siento crecer sin remisión,
sin un colchón donde morder tus labios,
esa razón sin ganas de amor
que merodea en otros brazos.

Oigo un zumbido en mi azotea,
no lo soporto, es una ducha helada.
Caras torcidas por el esfuerzo en la colmena:
son demasiadas palabras.
Vivo harapiento en el recuerdo,
y una saliva que no sabe a nada.
Cuelgo en la percha de los deseos
una notita con letras desdibujadas.

Tengo, tengo,
¿tú no tienes nada?
Tengo, tengo,
no me debes nada.

Voy por la puerta de atrás,
salgo a jugar con la alegría de mis zapatos,
pateo otra vez un saco de sed
que taponaba lo que hay debajo:
una razón por la que luchar
y un buen motivo pa’ seguir boqueando,
buscando la luz, buscando un lugar,
no quiero hogar, quiero seguir caminando.


 
¿Dónde vas?

Una sonrisa bajo tu persiana
procura extinguir mi erección.
Eres tan ingenuo… tu pluma se traba
dibujando un corazón.
Cada vez que te escucho
ausculto tus miedos
fingiendo un alto escalón,
pero eres tan simple
que pierdo las ganas de abatirte
de un solo borrón.

Otra tormenta desequilibrada
retumba en mi oscuro salón,
que reúne fotos, retretes y cartas
dedicados al mismo postor.
No te sonrojes si es cara la vida,
la tuya es de puro cartón,
cada calambre que sientas de miedo
achácalo a tu estado de putrefacción.

Yo te lo digo:
sin bajarme la bragueta,
te atraganto y te adelanto
sin las luces puestas.
A ti va dirigida mi saeta
directa a tu papelera…

¿Dónde vas, quijote? Sin viento
los molinos no pueden respirar.
¿Dónde vas, ahuyentando a las sirenas?
Te crees capaz de arrostrar
la vida sin mirar atrás:
el tiempo no obra milagros.
Y otra vez no te encuentras,
y otra vez no puedes caminar…
¿Dónde vas? Ya empezó la cuenta atrás.

Otra caricia fingida y templada
adorna tu burda ficción.
No te lamentes, muñeco de trapo,
tus hilos no los puedes cortar.
Pero sí las venas, ¡menuda faena!
No desperdicies tu oportunidad
de sentirte libre y no carroña del tiempo
para un agorero final.

¿Dónde vas, quijote? Sin viento
los molinos no pueden respirar.
¿Dónde vas, ahuyentando a las sirenas?
Te crees capaz de arrostrar
la vida sin mirar atrás:
el tiempo no obra milagros.
Y otra vez no te encuentras,
y otra vez no puedes caminar…
¿Dónde vas? Ya empezó la cuenta atrás
que desgarre las arenas,
te regalo la oportunidad
de sentirte libre.


 
Carta Baladí II (el olmo da peras)

Tengo una triste noticia que cantarte:
esta ruina adoquinada
de lengua embotada
no impele mi sangre,
la tos vagabundea por las calles
enronquecida de tormenta estival.

No puedo claudicar en mi deseo añorante,
con susurros que se mezclan con mi voz
y que entorpecen de mis manos los pulgares,
pero tengo por certeza tu calor.
Aún puedo seguir,
no debo cejar en mi baldeo.
Arrastro los pies,
ignorando del cielo el taconeo.

No te preocupes por mí,
que la vida espera;
no te preocupes por mí,
tu sal me renueva.

Atasco, con mis sueños, mi garganta
y sé por tu mirada que empieza a chispear.
Sustraigo de mi historia las palabras
a tropezones, trompicones, y a hostias sin pan.
Y yo sé lo que ellos a cada momento esperan.
Lo sé, sin embargo, a veces el olmo da peras.

No te preocupes por mí,
que la vida es pera;
no te preocupes por mí,
tu sal me renueva.

Y es que nos sobra la piel
en el tablao cada vez que tocamos,
y en nuestro fuero interno
la ansiedad de la desnudez
que se eriza en la lengua con tu luz,
con el cordón de esparto
que se amarra a nuestras manos,
sin pensar, para calmar la sed.


 
Embozado en una mentira

Despierto embozado en una mentira
y, en mi lucha constante de trasiego entre los bares,
me desnudo pensando en la derrota
que abarrota mis fauces con fuego de los mares.

Tengo que huir de este intrincado
camino de cieno de entretela.
Siento emerger mi cabeza
por entre las ubres que me ofrece la realidad.

Guardo por ti la simiente
podrida en una taza de cartón.
Pierdo por mí, agachado entre escombros
mientras le como el coño a la felicidad.

Miedo a la luz, miedo a la altura,
miedo a la escarcha en la bajada,
miedo a la sed que trastoque mis penas
y que me fuerce a luchar por el calor de la esperanza.

No sé si seguir con mis pasos de cera,
no sé si continuar andando sobre el alambre.
Pierdo el sentido y olvido buscarlo,
siento que he perdido la identidad.

Me acuesto embozado por las mentiras
que sostienen mi papel.
Aúllo en la sombra de la vida
lo que pude hacer y no quise conseguir.

Escondo otra vez mis caricias,
pertenecen a mi intimidad.
Y puedo sentir que mi sangre se pudre
sin poder alcanzar el mar.

No os preocupéis, yo sigo corriendo sin más.
No te preocupes, te sigo queriendo… lejos.
No te preocupes, pero sigue creciendo por mí.
No te preocupes, la vida sorprende: ya lo verás.


 
Para ti

Tengo una camisa de fuerza
y una mirada de mierda
cuando se trata de suplicar.
Ten clemencia, por favor,
no tengo ganas de llorar,
tengo una pierna desollada por tu amor.
No puedo andar, no puedo hablar,
no me dejas respirar,
y otra mueca desolada en mi canción.
Tú, ¿qué haces aquí tan animada?
Córtame la lengua a pedacitos
para ti.

Muérdeme, ¿esto es la realidad?
soy esclavo de tu cuerpo y su danzar,
no pierdas tiempo.
Ámame como la flor al viento,
mi suspiro es tu aliento,
mi canción es tu derecho a consumición.

Ven, mi muchacha morena,
acicálate en mi boca con tu amor
y su jazmín.
Ven, ¿te tiemblan las piernas?
De tanta acción
se te ha dormido el corazón.
Ay, qué garbo, mi nena,
caracol en tu colmena
busca un sitio pa’ dormir.
Ay, mi niña de seda,
acaricia mi pena con candor
y vámonos de aquí.

Muérdeme, ¿esto es la realidad? (…)
…mi canción es tu derecho a consumición
de todo lo que siento,
cartas en el viento
que apedrean la razón.
Vamos a bailar pegados otra vez,
arderemos de placer en un momento.


 
Aguas morenas

Tú, que me hablas al oído,
que repartes corazones al azar.
Tú, que apaleas el olvido,
ahuyentando tinta nula de un altar.
Mientras, te despeñas sin altura,
descuartizas la coraza racional
y, no, no combates con mesura,
paladeas tu locura terminal.

Sientes que vivir no es lo prudente,
que te pasas de indecente,
abocado a seguirles la corriente.
Muerdes por saber si algo les duele
y abandonas a su suerte
la certera de tener un aliciente.

Hallas pedregales en tu vientre
cuando tocan en tu frente
amargura y amor.
Si no me matas,
cada vez me hago más fuerte
y carcajadas entre dientes:
eres el perdedor.

No, no me van a silenciar,
no me vas a envenenar,
no me vas a trastocar el subconsciente.
Mierda, otra vez quiero llorar,
en mi tierra ya no hay mar,
me tropiezo con las arrugas de mi frente.
Sueño con soñar que soy capaz
de partir sin mirar atrás,
otra vez morimos ciegos en la guerra.
Caminamos, conversamos, sinceramos,
otra vez nos sentimos raros,
tú te marchas, yo me pierdo en la maleza.

Esos muelles que me crujen en la mente
me remueven la simiente:
abrazo la luz y aprieto los dientes.
Venga, empuña sal y tuerce el vino
en tus ojos pagados a plazos,
en la boca que se arrastra en un pedazo de colchón,
y la saliva en un renglón,
y la sonrisa sibilina en su destino;
las literas ya no diferencian
entre conciencia y corazón.
Prefiero arrojar piedras al río,
me siento a gusto en la cadencia
que supone la indiferencia
de reinar aguas morenas en suspiros.


 
Un día tras las elecciones

Armé el bocata
con las sales minerales de tu vientre
y, al ponerme el disfraz,
me propuse escuchar tu frente.
Pero no fui capaz
y subían dos ascensores:
duda y libertad,
hermanas de tus colores.
Y es que tanto da
como te quita o te superpone
la cruel realidad
un día tras las elecciones.

Y, tú, sé que sabrás
que yo sé lo que tú no sabes:
cartas y un retrato,
barcos de espuma y arte.

Y aunque salga el sol,
los rizos de tu corazón
tampoco se espantan
de la alegría de sumar
nueva estación,
no importa el frío,
no importa el calor,
la boca se estanca
si en la penumbra no está.

Calamidad, la mía,
que no sé dónde está el retrete
y no supe explicar
todo lo que tu mamá merece.
Que la mierda cae
como cayeron los avestruces,
rabia que a dos luces
despunta en tu mirar.
Pero, no sé por qué,
hoy la sangre no sale al ruedo,
hoy tampoco seré
la excusa de tus deseos.

Dime dónde te vas,
que yo te digo por dónde vengo,
¿dónde llevarás
los suspiros que no te muerdo?


 
El blues

Una luz macilenta abomina las aguas
y destruye los ojos de aquel que miró.
No se anda con chiquitas, yo salgo por patas…
No vaya a ser que me pille en plena erección.

Y de pie ante el silencio, descubro mis armas,
se parte de risa: ja, ja!

Por favor, te suplico, no me arranques las alas.
Defenestra, si quieres, el olor de ese altar.
Es más fácil servir la siguiente botella
que aquel vaso volcado por necesidad.

Y, de pie ante el silencio, descubro mis armas,
se parte de risa la zorra sin bragas.
Y mi voz de madera irrumpe en su entraña
pensando que fue lo que no es.

He cargado el zurrón, dentro de mi cabeza,
con palabras de miedo y un sol de cartón
que he deshecho de nuevo en la sopa de pena
que compartía tu aroma y el mío, y ya no,
ya no caben recuerdos dentro de una botella
ni preguntas a ciegas desde tu balcón,
y una ristra de leños contra mi conciencia,
y un puñetazo en el pecho con todo tu amor.
Cada vez que te esfumes con carita de niña
que no ha roto ni un plato ni un corazón,
te diré que, hermosa, no hay razón en mis venas
ni oscuridad en el cielo que no tiña mi voz
con salitre de viento dentro de una colmena
y con negra simiente; que me importa un cojón
que te marches alegre como una condena,
sempiterna en mi mente y en tu sinrazón.


 
Hipócrita

Palpa una vida cualquiera,
una mirada perdida
entre escombros y niebla,
y una sonrisa de luto.
Crees ser tú la más bella
sin comenzar la partida,
babeando sobre la Tierra
como si fuera tuya.

Piensas que yo quepo en tu percha
y que me pierdo en tu mierda
para hacerte un favor.
Pero no, no soy de esa gentuza
que se implica en la gresca
como triste solución.

¿Qué te pasa? ¿Por qué te sientes presa
de rabia contenida,
o quizá sea la envidia
lo que impele tu empresa?
No preciso de repuesta,
pues no me falta cariño
y ya hace tiempo que oigo
el eco de lo que nunca me has dicho
a la cara.

Gozas de una vida cualquiera
abrigada entre rejas de difícil salvación.
No, no insistas con ésas,
piérdete con las penas de ese coro sin voz.


 
Tú (la primera)

Tú, qué ha sido de ti,
qué ha sido de mí;
tú, qué quieres decir,
qué quieres de mí.

Olvídate de las madrugadas,
no esperes que me quede
viéndolas venir sin blandir mis espada,
no esperes de mí un actor
en su valle de lágrimas.

Calma, me queda salud,
un agujero en mi alma
no significa nada.
Entumecidas mis palabras,
sólo me queda la puta de la sinrazón
que pudre mi savia,
petrifica mis ojos
y los convierte en estiércol
supurando mi amor…
¿Qué, ya no sientes nada?

No me vengas, cabronazo, con tu poesía de ladrillos,
no seas oportunista. Anda, vete lejos de aquí;
deja de rallarme con tus zarpas en el pecho,
con una coz en mi boca y un suspiro en mis ojos.
No sé si es la luz, que se quiebra a pedazos,
o la penumbra, que me deja paso hacia la perdición;
no sé si son lunas que se ríen de los sapos como yo
lo que oigo en esta charca o una tonada sin voz.

Miro a las estrellas y no se me levanta la voz
ni con una patada
y los buitres me circundan cuando tienen ocasión
de cenar por la mañana.
No te creas que has acabado conmigo,
sólo ha sido el primer set de este duro partido
que me toca solventar
con las manos atadas, con la lengua herida,
con las páginas arrancadas de un solo tirón,
de un certero disparo que descerrajó las caricias,
que ahuyentó los pájaros de ese lindo deambular
cogidos de la mano, enhebrados los sentidos
mientras caíamos ausentes en la cavidad del amor
que no te deja salir si te resbalas de frío,
ahogado en los recuerdos de un pasado con calor.


 
Suerte

No encuentro sentido ni en caminos ni en los ríos
ni en los pasos ni en los vasos
ni en el calor de los abrazos
ni en semáforos ni en señales
ni en silbatos de uniforme
ni en la ley de los cojones que me obliga a ser humano
ni en las luchas ni en los golpes
ni en el sudor de los currantes
ni en sus callos ni en sus nombres
ni en la palabra ni en los charcos
ni en el agua ni en el cielo
ni en tus bragas en el suelo
ni en la luz de las esquinas
ni en el polvo de la tierra
ni en el sabor ni en el olor
ni en el tacto ni en el gusto
ni en la vista ni en el equilibrio
de los pies que buscan sitio.

Tampoco en las drogas,
estoy harto de viajes, de equipajes,
de sentirme siempre dentro del mismo traje descolorido.
Estoy harto de tacones, de sirenas,
del chirrido de los goznes,
del sabor de la derrota,
de la dura realidad que se disipa
tras una efímera existencia.
Y saltar como un resorte,
sin éxito, pero a pesar de ello muy conforme,
muy conforme…

Tonto, bobo… gilipollas!
siempre rompiendo, siempre soñando,
siempre olvidando tus deseos,
siempre gimiendo en la puerta de tu vecina…
¡que me dejes, que me olvides,
que te vayas a ulular a tus amigos,
que te marches a un lugar
donde no sople el viento en tu tormento,
déjame descansar de una puta vez,
piérdete en tu dolor, en tus pensamientos,
en tus lamentos,
en tus sentimientos y en tu opinión a tal efecto!

Y claudicar sin más remedio,
como un cobarde, como un desecho de la realidad.
Y convendría saltarse todos los actos, sin más ni más,
de tu caminar hacia ninguna parte.

Levanta la cabeza,
no acurruques tu saliva en el miedo,
no desdeñes tu propia voluntad
de ser el dueño…
¡No seas gilipollas, bobo, cabezón!
Aún queda tiempo,
aún queda tiempo de soliviantar todos tus sueños,
tus deseos, tus besos,
tu valor como persona con recuerdos,
como capullo con cerebro,
como cabrón sin amuletos,
sin condón, con sobresaltos de vez en cuando,
con algún que otro disparate
sin razón o con razón,
con amor o sin amor,
con calor o sin calor,
con sudor o sin sudor
de sus entrañas podrás seguir viviendo
para bien o para mal,
para mejor, para peor…
sólo lo puede decidir el tiempo:
suerte.

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