Letras Con Humilde Osadía


 
I. Cara a cara

Están escritas sobre tu piel
las leyes del universo,
prívame y te cantaré
acordándome de tus muertos.
Pide perdón, dime “lo siento,
te juro que no volveré…”
Acostumbrarse al amanecer
conlleva un lío muy complejo.

Será rescoldo la lucidez,
ceniza de agotamiento
para el verso a componer,
para cubrir los agujeros.
Aguántate, reza un “te quiero”
a la diosa de la insensatez
para abordar con estupidez
al destino más funesto.

Tendrás alguna que otra vez
respuestas en el reverso.
Ay, no te cansas de esconder
que sientes que no estás despierto.
Y otro pellizco en los cojones
y ahora te subes por la pared,
¿será que sufres con avidez
por omitir tus emociones?

Me alegro, amigo, de volverte a ver.
Aún estás algo magullado,
tantos retazos aún por coser
que no remiendas ni a lametazos…
Cruza otra vez al lado opuesto,
que el río se va a revolver.
¡Cuán sigiloso en su candidez
se desnuda sin aspavientos!

A trote lento, sin tropezar,
me sonríe sin sentimiento
otro momento para no recordar,
lance amoroso sin remordimiento,
veneno inocuo para cicatrizar
las aventuras y los desencuentros,
lugar remoto si no existe el tiempo:
ya habrá silencio para dar y tomar.
Y quién dice no si es gratuito
o, si acaso, para regalar,
este otro asalto vano y fortuito
se te enreda en la yugular,
y, cara a cara, se va consumiendo
el cuento alegre con tu potestad:
“Adiós, cariño, ¿para qué engañar?
No te amé, pero fue estupendo”.

Cara a cara, cara a cara,
cara a cara…


 
II. Devoción

-Cuánta devoción escondo entre los dedos,
qué pequeña salida:
por ahí no cabe la luz
que tapona heridas.

Una cantidad ingente de pericias apátridas
invaden mi mente
en busca de una verdad.
-¿Qué verdad? No me hagas reír…

Perdona, pero yo sacrifiqué mi futuro por el tuyo
y tú te conformas con pudrirte en tu mísero zulo.
Explícate, ¿por qué no quieres seguir adelante?
Dime, ¿por qué prefieres anular tus sentidos?

-No hay respuesta fácil para pregunta sencilla:
un gran saco roto en mis tripas
y yo no puedo atisbar el final
de esta podrida aventura.

Siempre que paseo, aguanto la respiración;
siempre que intento beber bajo un aguacero,
no lo consigo, no.

No lo consigo, pero muero intentándolo de nuevo;
no lo consigo y me pierdo en otro agujero;
no lo consigo y mi lucha se pierde en mis brazos;
no lo consigo y no quiero premio de consolación.

Echo de menos el calor que me amparaba en tu vientre.
A veces, echo de más que me dejaras salir de allí.

Y ese día, en abril,
decidiste abrirme paso
pa’ recorrer las calles
como el futuro amo de un vaso
colmado de trocitos de hielo afilado
que desgarran profundamente,
soy un molesto insecto turbado
por la sociedad.

Y ese día, de mil,
decidieron abrirnos paso
para recorrer las calles
como futuros amos de un vaso
colmado de trocitos de hielo afilado
que desgarran profundamente,
somos molestos insectos turbados
por la sociedad.


 
III. Sala de espera

La vida permite otra opción,
te marca los diente fuera
y te encumbra hasta el interior
de tu cabeza.

Todas las horas contadas para ser otro ser,
todo está preparado para no acontecer:
todos los minuteros quietos,
todos los aguaceros callados.

La risa querrá enloquecer,
los llantos le dan tiritera,
no tendrás amor que acometer
y, en tu pecera,
todas las horas contadas para ser otro ser (…).

Estoy a punto de observar al triste pez,
en el espejo yo me oculto
y tras el disfraz de mi timidez.
Y no puedo más,
aquí abajo no se puede respirar.
Y me pasa, me descuido,
y me olvido de mi tropezar,
me olvido de respirar.

Sin lucha no habrán rocanrol,
garbanzos en la nevera,
tres racimos de H2O,
sala de espera.

Hay tanto golpe que esquivar y tanta fe
si no hay reflejo, que resulto tragedia sin tez.
Pero no acabó
(tercer acto de otro mal menor):
con mi causa yo derribo violencia con resolución,
caricias de la polución.


 
IV. El cliente nº1000

Quisiera ser como una escalera,
y viviría encadenado a tus pies.
Quisiera ser una fortaleza
que amurallada no ha sobado tu piel.

Quisiera ser un hacha de guerra
que soterrada ha olvidado tu olor;
una caricia, un torpe teorema;
mi frágil lengua, un cadalso en flor.

Cruzo los dedos, asumo la ironía,
estoy perdido en cualquier situación.
Ya no hay balones en la portería:
soy la vergüenza de mi generación.

Caen bofetadas y, de vuelta y media,
le doy portazos a la relajación;
caigo de bruces con mi alma enferma:
una tormenta, mi contaminación.

Quisiera ser manos costureras,
templo de cera, guarnición de arroz,
quisiera ser muslo de pantera,
salir corriendo cuando oigo tu voz,
quisiera ser carne de ballena,
cielo canela; uno y uno, dos;
meto en un saco con un par de piernas
una respuesta a mi contradicción:

quisiera ser, quisiera ser
el cliente número mil.


 
V. Hombre doméstico en los testículos de Baco

-Hay algo que hacer,
algo que pensar?
-Escucha los latidos.

-…algo que conocer,
algo que apostar?
-Contando los anillos.

-…algo que coger,
algo que soltar?
-No importan los amigos.

-Sólo es correr
sin mirar atrás…
-En tu boca sólo suena perdón
cuando ya no puedes recular.

-Que no, joder, que ya no voy más,
pero estoy harto de escuchar el repiqueteo
que anega mis sienes con el azul del mar,
con el furioso bramido de un infierno
que me consume y, a la vez, me da
telón de fondo para el triste desierto
de esta gris ciudad.

-¿Qué tienes en la piel?
Hay algo en tu mirar
perdido en el hastío

que no abandona la sed,
que cuenta mucho más
que todos los sonidos.

¿Y para qué volver,
para qué regresar
a ahogarse en el olvido?
-Eso no lo sé,
ni lo quiero averiguar.
Ya no oigo el tic-tac del reloj
que, en otro tiempo, no paró de rechinar.

-Cada vez que saltas, no paras a mirar
ni a calcular el sentido de los vientos;
que, como te descuides, te la vas a pegar,
todas contigo y todos contentos.
Como un peón de multinacional,
escarabajo atornillado en el espejo
de tu lagrimal.

-No pidas otra ronda, esta la quiero apurar;
hoy quiero por refresco una bola de helado.
-Dime lo que sea y otra vez volverás
a buscar la respuesta en los vasos usados.
-Otra de cal y arena… ¿y vuelta a empezar?
No des con la cabeza en la campana de asfalto.
-Si hay camino y no hay necesidad,
¿para qué vomitar y vivir en pasado?
-Y una vez más me vuelvo a querer abrazar,
aunque sea de lejos, las piernas del diablo.
-No hay sentido y tampoco lo habrá,
no vas a amortiguarlo cayendo de lado.
-Aunque la bruma quieta no me alcanzará,
prefiero estar corriendo a estar de brazos cruzados.
-Yo también, pero la duda estará,
como lo ha estado siempre, como un acantilado.


 
VI. El periodo

A mi guitarra, una vez al mes,
le baja el periodo
y no me deja tañer
su turgente preñez.

Mi guitarra, una vez al mes,
me hace oídos sordos.
Reina del desdén,
me dedica un revés.

No sé qué cantar, qué coser
para que me haga caso esta vez.
Tal vez cometí un error
al pretender sacarle punta al silencio.

Mi guitarra, una vez al mes,
me juzga incomprensivo,
cosas del querer,
y del ser o no ser.

Yo le replico “jopé,
sólo es barbecho creativo,
y nunca quise romper
mi relación con usted”.

No sé qué cantar, qué coser
para que me haga caso esta vez.
Tal vez cometí un error
al pretender sacarle punta al silencio.

Así que yo una vez al mes
me voy de vacaciones
a un lugar que no esté
al alcance de sus malas vibraciones.

Para ello, una vez al mes
renuncio a sus favores
y busco alguna mujer
de carne, de hueso y de piel
que alivie mi estrés
y reduzca mis tensiones,
pues dice mi doctor
que tanto amor
no me viene muy bien.

Ya sé qué enredar en papel
para que me haga caso. ¡Pardiez!
¿Tal vez comprendí mi error…
o al fin logré sacarle punta al silencio?


 
VII. A falta de pan

Luna, luna cascabelera,
dime qué hay de bonito en seguir
las líneas de la carretera.
Vamos, pídeme cuanto quieras,
puedo darme de bruces
contra todas las fronteras.
Ay, luna, luna cascabelera,
pide que me parta los cuernos
fracasando sobremanera.
Disfruto del conflicto, es nuestra guerra,
prefiero confundirme
a sentirme vacío de pena.

Dame agua corriente o golpe de oleaje,
dame piel caliente, algo voltaje.
Mucha quiniela y poco albedrío,
y mi tonelaje lo hallé vacío
tras la introspección.

Dame duda certera que brinde en mi homenaje
a otro tropiezo, a otro alunizaje.
Vivo sorbiendo sueños del estío,
pero al follaje lo mató el frío
de la imprecación.

Ay, luna, luna cascabelera,
dime qué hay de bonito en seguir
las líneas de la carretera.

Viajes: a veces tren, a veces carruaje,
otras me pierdo entre los ramajes.
Y a veces juego, cual si fuera un niño,
a demostrarte todo el cariño
desde una canción.


 
VIII. Un suceso extraordinario

Yo, adónde voy
si a duras penas
distingo el sol.
El bien y el mal
cuecen en vena,
no es mi parcela,
es un factor
a favor de alguna estela.

Qué más me da
si es mi condena
en el salón, en un colchón
o en la sala de espera.
Quizá sea yo,
quizás mi empresa,
quizás formule a través de una canción
efímeras promesas.

¿Será un color la maldita solución,
azarosa selección o acertada y convencida
meditación a la luz de la emoción,
una fuente de pasión
que a mi boca se aproxima?

Claro, duermo siempre de lado,
y vivo siempre cansado,
y sigo de casualidad
aquí afincado
como un hombre sin hado.
Se me brinda un estado
y estoy dispuesto a arriesgar.

¿Será un color la maldita solución
azarosa selección o acertada y convencida
meditación a la luz de la emoción,
una fuente de pasión
que a mi boca se aproxima?
Pues dame más, dame cuerpo y realidad,
dame encuentros que saldar
sin palabras comedidas,
sin coacción, con mutismo a colación
si se trata de ser libres sin condición.

Salivación como en perros de Pavlov,
somos duda en extinción
diluida entre las piernas.
¿Será un color la maldita solución…?


 
IX. Una cantilena

¿Tengo un problema con la vida
o la vida tiene un problema conmigo?

Cada mañana se engalana
de pose y superchería,
y si por la noche se emborracha
te cuenta alegres batallitas.
Siempre se ha sentido
un ser privilegiado,
pero, con certeza, no te lo dirá,
porque sabe que el lamento es muy humano
y él extralimita todo lo real.

¿Tengo un problema con la vida
o la vida tiene un problema conmigo?

Sólo cuando miente, es.
Siempre cuando gana, pierde los estribos.
Sólo cuando huye está
siendo de verdad sincero contigo.

¿Tengo un problema con la vida
o la vida tiene un problema conmigo?

Siento, la verdad, un frío que pela.
Me oculta el antifaz de la vacuidad
de mis cantilenas.
Ciega necedad, maldita hoguera,
muera cada cual por buscar su hogar
o una madriguera.
¿Dónde está la mía? Hay tanta guerra…
¿Dónde está, por fin, la oportunidad
que brinda mis ideas?
Vaya tontería, vaya moraleja:
luchar, ¿pa’ qué? Siempre está de más
traspasar fronteras.

¡Cómo está el percal, quién está detrás,
cómo salir del barro sin trastabillar,
quién puso aquel cebo al que fui a picar
sin pensarlo!
Duda existencial, baja temporal,
es una emergencia: vivir o matar.
Tanto “buen comer” con que fui a tragar
el letargo
me hace meditar, no puedo esperar,
pero he perdido el tiempo sin pestañear.
¿Cuánta fruslería hay que asimilar
con los años?

Siembras la agonía que te va degradando,
urdes felonías contra el mundo a diario,
piensas que eres joven pero pasan los años
y las alegrías ya te van esquivando.
Húrgate el ombligo, atrévete a mirar,
busca tu reflejo en el fondo del charco
de tus emociones, de tu puro teatro:
nunca será tarde pa’ seguir luchando.


 
X. Otro instante

Vivo en la porquería
y tendré la salvedad
de omitir las tonterías
que después sucederán.
Voy bien, no es cuesta arriba,
y tal vez se marcharán
con lamentos de alegría
los augurios del diván.

Vamos, mi látigo,
las manos quietas, pero el ánimo
lo ensucia todo con su asfáltico
resucitar en la ciudad,
tan negro y ácido
como el perfume que me ha condenado,
y con los cojones redomados
en su mueca habitual.

Retumba el cántico
en las paredes de los cálidos
desolladeros y en los lánguidos
desnudos dedos de mi voz.
Con un gris pálido
tiznaba el cielo de mis cálculos,
ahora los cuentos no son lágrimas
con nulo velo de pasión.

Todo pasó
como el invierno detrás de primavera,
como el recuerdo de toda sensación:
es blanco el tiempo sobre las calaveras.

Todo murió
como el silencio después de una condena,
como el barrunto de una solución
cuando se habla con la boca llena.

Y otro instante cayó,
la sombra aturde detrás de las ojeras;
no me esperes, la guinda ya estalló
sobre el pastel de tu lista de espera.

Y arde el carbón,
arde en el verso de cada borrachera,
y mentiría si digo que el color
de tus braguitas no ondea en mi bandera.

Y otra vez contigo,
y otra vez sin mí;
y otra vez conmigo,
y otra vez sin ti.

Arde el carbón…


 
XI. Mi esperanza

Cuando tu voz se sienta desarmada,
después de una lucha encarnada,
piensa en mí.
Cuando sientas que tus lágrimas resbalan
y que tu vida desalan,
piensa en mí.
Y si crees que tu mundo se apaga,
desabrido en tu alma,
piensa en mí.
Una ilusión en mi boca se alza
con sabor a esperanza:
piensa en ti.

Si mi corazón se cuelga de tus pestañas
con mis palabras de entraña,
con mi puño carmesí,
has de saber que he huido de todo
por no hundirme en el lodo
de la realidad.

Como si fuera el último instante del último día,
el último que yo disfrutaría
con aliento frenesí,
cantaré para ti y para todos,
por ti y por todos,
la felicidad…

La felicidad que, por una vez,
se vierte en tu boca,
muerta de sed.
Por una vez te sentirás divina,
lejos de los humanos
que te apuntan a la sien.

Como si fuera el último instante del último día,
el último que tú disfrutarías,
piensa en mí.

Piensa en mí,
yo pienso en ti
como si fuera el último instante del último día,
el último que disfrutaría.


 
XII. Nacido de la enfermedad (CD 2)

Venga, va,
vamos a empezar,
ésta será
la intención definitiva.

Tarde, mal,
sin reflexionar,
una vez más
nos perderemos sin salida.

Quizás incurrí con ansiosa agonía
en pedir, como ahora, una respuesta veraz
para acostar mi silencio a tu barriga
y conseguir, así, algún sorbito de paz.

Vale ya,
voy a deflagrar.
¿No te das
cuenta de que eres bienvenida?

Sí, será
que quiero estornudar,
será que aún
no he dado paso al día.

Tal vez me acostumbré a vomitar la comida,
a tirar del arado y a rizar la soledad
con estas manos, con humilde osadía,
por ignoto decreto de mi voluntad.

Y tengo miedo, pero no lo sé.
Abandono mi cuerpo y me hierve la sed,
y me arrojo delante de las vías del tren
de aquel viejo recuerdo impasible y soez.
Tenía diez años cuando fracasé…
Permanentes obstáculos de mi educación,
carrera de mierda sin ninguna emoción
que interfiera en actos de cordialidad.
Por ponerle algún título a mi tara mental,
soy un hombre que nació de la enfermedad
que recubre la Tierra cual sudario ancestral.
Yo no me invento el norte.

Y tengo miedo, pero no lo sé.
Tengo miedo, tengo miedo…

Procederemos a ahogar la libre opresión
y dejaré escapar la clave de sol
por Antequera,
no merece la pena mirar el reloj.

Y, aunque te vas desviando de tu vocación,
miras afuera y ves la cruda expresión
de tu sordera
empañando los campos de imaginación.

Tal vez dirás que se fue
y no tuviste elección,
mentirás y obrarás
en nombre de Dios
si amaneciera,
si aconteciera alejarse de tu maldición.

Aplazaremos el norte de la sensación
para otro día ligado a la desazón.
No es lo que era,
pero vale de apósito al caparazón.

Trituraremos los gozos con una canción
y fingiremos hacerlo con total fruición…
¡Eres la pera,
no te bastan compases de tu colección!

Tal vez dirás que se fue
y no tuviste elección,
mentirás y obrarás
en nombre de Dios
si amaneciera,
si aconteciera alejarse de tu maldición.

Tienes la cabeza hueca,
¿cuándo aprenderás
que la vida, al fin y al cabo,
sólo es caminar?
Urdes cruel la estratagema
de autodestrucción
que te mandará de vuelta
con humillación.

Celebraremos los golpes con una ovación
y encajaremos los besos al blanco renglón
y a la cuneta,
que no quiere respuesta ni absurda cuestión.

Hoy violaremos el templo de mi devoción
y saciaremos con ello la maldita oración
que desespera,
es eterna la espera y es amargo el sabor.

Y mandaremos callar la interlocución
que se sostiene con dientes dentro de mi yo
y, en pie de guerra,
calabaza de acero se creyó corazón.

Manos arriba, disiento, mas me gira el timón
y me convierte en el objeto de la persecución
de su quimera.
Tormentosas ojeras hoy rehúyen al sol.

Tienes que pegarte
un tiro en los sentidos,
tienes que resolver.
Al lupanar de lo prohibido
te apetece ir a comer.

¿Será que el pájaro voló
y la lombriz nos lo quiso enseñar?
Cayó el telón como la lluvia en la mar,
ya culminó con previsible guión.

Se ahogó el cuerpo en el presente,
buscando a ciegas lo coherente,
tentó con trampas a la suerte
que pendía irresoluta sobre un nido de mal.

¿Será que el Señor
los enseñó a caminar…?
Cobardes, valientes,
todos quieren rezar.

Los artistas por pereza
no levantan imperios,
los borregos arrasan
si se requiere opinar.

Habrá de ser justo
quien, según lo ordinario,
se ha aferrado a la muerte
como virtud capital.

No obstante,
queda la última palabra,
queda la despedida
en forma de catástrofe natural.

Parto del conflicto
y huyo hacia la nada,
pierdo en el camino
el rastro de la realidad,
pero, en un suspiro,
el canto me adelanta
y cargo con su ruido
hasta el borde de la vacuidad.

¿Adónde irá el aire que respiro,
cada vez menor?
Como un muñeco descosido
por un aguijón,
hago otro alarde de absentismo
para con mi propio yo
y me catapulto hacia un destino,
no fatal, peor.

¿Adónde irá el aire que respiro?

¿Que adónde irá?
¿Y tú me lo preguntas?
Poesía eres tú.

Tienes que pegarte
un tiro en los sentidos,
tienes que resolver…
¿Será que el pájaro cantó
y la lombriz nos lo quiso enseñar?

El tiempo su oro derramó:
la tormenta sólo acaba de empezar.

De acuerdo, me sorbí unas risas
y he descrito su eco en la pared.
Me bastó la palabra pa’ culpar a la malicia
de mis únicos actos de fe.

Me callo y listo,
me encaro a mí mismo,
y tal…ya sabes cómo va,
derrumbo al silencio
con un gancho de honestidad
y me piro sin prisas.

Tal vez dirás que se fue
y no tuviste elección,
mentirás y obrarás
en nombre de Dios
si amaneciera,
si aconteciera alejarse de tu maldición.

He atravesado muchos ríos
y me he defendido de la acusación
de quien tiene más y no ha compartido
un solo minuto de conversación.

Nieve entre tus manos se habrá derretido,
pues lucir de blanco no era su función.
¿Quién señalará el rumbo sin camino,
cuando sea confusa toda percepción?

Me verás cantar en subtitulado,
escucharás mi voz en tu gris buzón.
Fuente elemental de amor no pactado
abre perspectiva en tu campo de visión.

Te has de levantar, sólo has empezado
a sentir los palos de tu evolución
como ser que siempre estuvo acorralado
y ahora tiene que afrontar solo una revolución.

Puede que no elijas lo que has obtenido,
sabes que huir no es la solución.
Sueles degustar vicios restringidos
y no es por demostrar un acto de valor.

Te has de levantar, sólo has empezado (…).

…para proseguir, para vislumbrar,
para sonreír, tienes que cruzar,
y has de atravesar muchos ríos,
has de sortear balas de cañón.

Te has de levantar, te has de levantar…

Que sí, que sí, como lo oyes: una RE-VO-LU-CIÓN
para ti, y para toda la familia.

Vierte las penas
o bebe agua de mar:
tú eliges.
Rompe tus cadenas
o sufre a perpetuidad:
tú mismo.

Repites que estás solo hasta la saciedad,
dices no, no, no a tu oportunidad
de sentirte libre.
No, no, no…

Sé que soñar no es legítimo a todos,
sé que besar no lo es para tantos,
sé que ahuyentar fantasmas
no es fácil ni para uno de todos los santos.

Pero no me conformo con lo que soy,
y no quiero conjugar destinos.
No quiero.

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