Letras …Cómo?

 

 
Si te miro

Si te miro, me puedo olvidar
de pasiones que nunca he descrito,
de miradas, de roces de cuerpos,
de un estruendo sobre mi cabeza.

No me hables, aún puedo pensar
mil acciones de malabarista.
Mis neuronas comienzan a andar
sobre luces, membranas prohibidas.

Y tú que te crees que me sobran las balas,
me desgasto pensando en miradas manidas
que me oprimen, me condenan,
que destrozan todo lo que soy: desobediencia.

Aún me acuerdo de tu caminar,
tu cantar entre las ramas;
aún me come tu boca al hablar:
mi camisa de fuerza claudica ante mi terquedad.

No me digas que huyes del alba,
que un silbido trepana tu sueño;
no me digas que quieres trepar
a ese árbol siniestro, una vez más.

Y no intentes engañar al anciano convaleciente,
Al maestro de la salvedad: ya no queda tiempo.

No secuestres mi perra conciencia,
que me sangra, me arrastra las penas;
me revienta tener que buscar
la pregunta encerrada en tu cuerpo;
me lamento de no haber amado
la amargura, el silencio, tus manos.


 
Te acompaño a la puerta

No tiene sentido follar entre zarzas
cuando está podrido el puño del sol.
No quedan caramelos, simiente ni escarcha,
no tiene sentido contar hasta diez.

Si quieres, te acompaño a la puerta, corazón.
Si quieres, soñamos que somos tú y yo.

La mentira se torna en verdad.
¡Cómo me jode, parece mentira!
Unas lagrimitas delatan mi edad
y sangro de más en todas las caídas.

Siento la caída en mi boca, en mi cama,
en la ausencia de rima en mi voz;
degenera mi sonrisa en mueca desenfrenada
cuando asolo la triste canción;
pierdo, impaciente, la alegría y la calma,
pierdo los dientes a esta sazón;
relucen pedregales en el fondo de mis entrañas,
filtra mis penas de papel mi riñón.

Grito a pleno pulmón
en un renglón de cieno que ha roto mi voz.
Salgo de un remolino de amor
donde muere el tiempo y se pierde el valor.


 
En una nube gris

Arrastro mi aliento y miro a lo lejos,
recito a las nubes todos mis pensamientos.
Las sonrisas ya se me acabaron
y mis sueños se reúnen en un sucio rincón.
Todo lo que tengo son mis dedos,
lo demás lo perdí de un solo tropezón.
A base de traspiés mi quedé en pelotas
y me quedé mirando mis despojos esparcidos.
Mi puño se desgasta de tanta mala hostia,
tantas lágrimas heladas, ilusiones rotas.
Voy dando saltos, patadas y brincos…
otro día más que sin ti resisto.

Y, ahora, a todas las llaman princesas,
mi piel se arrastra por cualquier colchón.
Pongo el corazón encima de la mesa
y se pudre esperando a que llegue el sol.

Déjame enloquecer en silencio,
yo me acomodo en mi rincón y no hago ruido.
Sé que tendré que mirar, de todo, a lo más feo
y, poco a poco, enredar mi alma a cada suspiro.
Ese suspiro que se traba al final,
exhala un grito ambiguo sin ninguna dirección
y yo, que de todos soy el más cabrón,
me conformo con bañarme en un barrizal.
¿Qué es lo que escondes tras de ti?
Un trago y ya lo he olvidado,
y me volveré a mi rincón a describir
lo que hiede la verdad a mis costados:
no hay princesas ni castillos, todo es una nube gris.


 
Que llueva

Hay lluvia, charcos en mi pensamiento
que no me dejan pensar.
Lo que escribo zozobra sin viento
y enloquezco antes de encallar en tu paladar.

Y, qué bien, hoy salgo y volveré
para firmar con mi piel y sin cerebro.
Mis palabras tropiezan ya entre sí
y mis neuronas se ríen del invierno.

Que llueva, que siga lloviendo sin parar,
si quiere, que a mí me da igual.
Yo estoy bien así, rompiendo con todo
y destrozando el silencio en cada “patá”.
Y, ya ves, sigue lloviendo sin parar…
y a mí me da igual.
Y, ya ves, enjaulo mi aliento sin pensar
a cada minuto por querer reventar.

Mi mente se estanca después del fin de semana,
mis frases se corrompen entre tanta oscuridad.
No quisiera yo que mi verbo transpirara
y te rozara la piel la vibración de mi garganta.

No encuentro dirección ni sentido,
cierro los ojos y voy campo a través.
Aprieto los dientes, escucho un gemido
y vomitan mis manos sobre el papel.


 
Amigo

Hola, compa, ¿cómo estás?
Ya sabes que a mí se me da muy bien renquear
por las aceras,
como aquel que finge pensar
que la vida es bella,
abigarrado a las arrugas del olivo
y saltando, a pesar
de los ojos que siguen mirando,
de la lluvia que levanta
el polvo en torno a mis párpados.
Y tú qué tal, estás muy callado.
Tú qué tal:
-Saluda al perdedor.

Hola, qué tal, amigo: tú sin mí, yo contigo.
Hola, qué tal, amigo. Hola, qué tal…

Voy andando por los caminos
donde pueda ahogar mi desazón,
donde pueda rayar
verdades en la pared;
voy allá donde crepitan las miradas,
donde vive, en la vieja posada,
el poso de la risa,
la vaga ironía del desdén.

Miro a voces los ríos de roces,
la mustia cortina de abyecta rutina
que me oculta mil cosas,
me quema las rosas,
y taladra mis ojos la vida de rojo.
Me cago en la tuna, me cago en la ley,
escupo en su rostro, escupo en el Rey,
aúllo sin luna, me muero de sed,
cabalgo a la vida: benemérito burdel.

Hola, qué tal, amigo,
cuántas noches de hiel en tu oído;
sigues en pie, amigo,
observa a mi hada: ya no tiene bragas;
vamos allá, amigo,
una vez vale, dos hace ruido;
bebe otra vez, amigo,
mi mierda, mi agua, mis luces, mis babas.

Hola, qué tal, amigo,
cuántos litros de amor sin su ombligo…


 
Hoy estoy (a las drogas y al amor)

De repente, me encuentro en una calle,
unos pasos me siguen sin saber por qué.
Me doy la vuelta y no hay nadie
que me diga que olvidé el mundo tras mis pies.

Sigo andando y las palabras más pegajosas
se adhieren a las suelas de mis zapatos.
Sólo tú te clavas, sin avisar,
en el fondo de mi corazón vulcanizado.
Subo las escaleras,
se han atascado mis venas al mirar a mi alrededor.
Niña, te llamo porque he perdido la cabeza
y nada me interesa, excepto tu sudor.

No te asustes si escupo de más,
que nos sobra el calor en el cielo.
No te marches sin saber del amor
y, hagas lo que hagas, me verás colgado del techo.

Me paro, dejo de respirar, desaparezco.
Me río, me callo y sueño un poco más:
hasta que tus rizos cuelguen de mi pecho.

Hoy estoy que le pego un bocado al sol…
Hoy estoy que le pego un bocado
y canto de nuevo a las drogas y al amor.

Llegó la mañana, levanto la persiana
y ahí estás tú, sol, tras la ventana.
Llegó la mañana, ¡joder, qué putada!
Nadie me espera detrás de la ventana.


 
Si te enredas

Suena el teléfono y me pongo a sudar,
que me cago si tú me hablas al oído.
Niña, lo siento, tengo que descargar…
aunque en el bar no encuentre licor pa’ mis aullidos.

Te parecerá hasta bonito que me inspires un suspiro
y que te lo cante todo desde esta canción,
rielas en mi pecho y en todos mis sentidos
cuando me emborracho pensando en ti y en tu sabor.

Que yo no soy poeta ni tampoco un juntaletras,
que me sobran las palabras si te enredas en mis piernas.
Sin pedirme ni una frase, te regalo cinco mil…
y, con lo que sobre, me destripo sólo para ti.

Miro mis palabras, nimiedades sin sentido
que se descalabran contra un muro de cristal.
El silencio es un zumbido en mis oídos
que no para de gritarme, que no para de gritar.

Sigue apaleando, si quieres, mis costados.
En la letanía sufro mil calambres.
Odio las metáforas si te veo en “tos” los lados,
y que alguien me replique, atrévete a mirarme.


 
Otra frase

Necesito una respuesta sin haberte preguntado,
que no me cabe en la cabeza que no te des cuenta todavía.
Que se me cierran los ojos y no pienso en el pasado
y las palabras que escupo se siembran como encinas.
Muchos espejos, mucha palabra sin puerto.
Y quiero olvidarme del dolor de la verdad.
La caligrafía se rompe en la madrugada
y me pierdo en un suspiro que me inspira nimiedad.
Mala letra y mala sombra
a las primeras de cambio con la realidad.
Mucha mierda y mucha alma rota
cuando se sueña con algo que no se puede tocar.

La conciencia destartala mis letras,
las envuelve en palabras y las escupe sin más.
Mis pensamientos abandonan la vergüenza
si se trata de agarrarse a la necesidad…
de expresar mi verdad, la soledad,
la tinta mal tachada,
mi sonriente cara ante una adversidad.
Mi ingenio se nubla
y no pasa nada que no tenga que pasar.
El mundo gira y nadie se pregunta:
¿quién nos hace girar?
Otra frase de borracho dormirá para toda la eternidad.
No me duele escribir, me repugna mirar vuestros dientes relucientes.
Y que nadie se preocupe de qué pasará,
que la vida sigue bombeada por un corazón
de piedra o de oro, depende del canal,
y si cantas, niño malo, castigado y “pa’l” rincón.


 
Un día más es un día menos

Después de un sorbo quedó el silencio,
el viento corre dentro de mis venas.
En mi pecho el sol está saliendo
y grita mi aliento cuando respiro mierda.

Mis entrañas se convierten en extraños
cuando quedo entre agua y desierto.
Mi sudor vuela con el aire agitado
y, poco a poco, la soledad va creciendo.

Y, de nuevo, me acercaré a mi esquina habitual
a derramar mi alma y mi pensamiento sin final.
Mis neuronas huyen gritando a la realidad,
aunque haya alguien que me ate a la razón.

Déjame volar, sin mirar al viento y sin rencor alguno.
Mis ojos se pudren, porque no entienden los tuyos.
Una calada más de risa y de sombra, me da igual,
que estoy aquí para romper las olas sin pensar.

Un día más es un día menos…

Dime si alguna vez
te has sentido engañado,
cargada tu sien
de ceniza y de barro
para crear barquitos de papel
que huyen mar adentro:
buen viaje, poco tormento,
mucho argumento cabrá
en mi lámina de acero.

Aquí me ves, recostado
bajo tu boca, a ver si dejas caer
alguna gota
de bastardas ideas idiotas
en tres notas
cuando flotan en mi piel.


 
Tu redención

Mírame a la cara, tu silencio se hace sepulcral.
No me avasalles con la palabra libertad…
recalificada.
Recalcitrante como una lágrima en la mar,
no te abandones a la deriva sideral:
cuida tus amarras.

No, no me digas que no,
que tu vida anda a solas
y tu boca más que loca
porque no encuentra sabor.

Tonto, más que tonto, no me hagas meditar,
son tus acciones las que me impelen arrostrar
alucinaciones.
La cabeza gacha y un amor sin amistad,
y no te ayuda el que quieras abusar
de tus sinrazones.

Pierdes siempre la voz
cuando ululas al viento
por tu desventura y tu tormento
en proceso de expansión.

Tu cerebro te traiciona
cuando te saltas las normas
y no, no tienes perdón.
Una vida con cadenas
afuera de la trena
no tiene solución.
Piensas siempre que yo
celo tu condena,
y un sonido de cisterna
disipa tu divina redención.


 
Frente al mar

– Dime, corazón, si tienes suficiente con vivir.
Dime, por favor, si hay algo que te apegue a mí.

– No, razón, la verdad duele, de verdad;
prefiero no revelar que tengo mil deseos por cumplir…
¡y pensar que me sobran las palabras!

– A veces, caigo en reflexión e ignoro tus latidos, tu decir;
me pierdo con las cuentas del deber,
me ahogo con mis venas, con sal.

– Ya lo sé, ¿te crees que soy idiota o qué?
Yo te impulso con la fuerza de mi sangre,
que mana de mi boca, de mi sed.
Pero no olvides que yo me pierdo por mi vencer,
me ahorco con mi valor, que no cesa de crecer.
Y, entonces, mi dolor me pudre al compás
de diez perdigonazos en el paladar;
me cansa mi voz, me arrastra el pesar,
arroja la Parca mi vida a la mar.

– Arduo quehacer, fronteras del alma y del terror
me separan de la vida y del latir de tu amor, corazón.
Hace tiempo pude sentir que tengo tiempo para ti
si ahogo la conciencia entre tus brazos.


 
Mindy

Siti, pásame un piti,
me ha dejado la novia y quiero fumar.
Siti, venga,¡ese piti, coño!
que voy hacerme un porro, aunque esté prohibido volar.

Siti, que desquiciado estoy,
todo me da vueltas y no quiere parar.
Siti, me cago en la puta,
estoy cansado de respirar.

Pero, después de un rato,
despierto aliviado…y ese piti,¿dónde está?
Que estás muy buena, niña, que estás muy buena,
que estás muy buena y te quiero penetrar…

Mindy, oh, Mindy…

Mindy, no pienso en nada,
Mindy, no pienso ni en vivir.
Mindy, se me nubla la vista de ganas de follarte
y de que te ahogues en mí.


 
Carta baladí

Tengo para ti, sofista de terciopelo,
una estéril carta de amor de bombardero.
Tengo una ilusión por tu fe decapitada
y un dolor hediondo que me ahoga en mil palabras.

Tiempo ha pude observar la lerda acción de tu mente
al procurar mentir sobre mojado a la caterva.
Regentas ya un club de huestes indecentes
que ya se mofan de ti mientras buceas en la mierda.

Aunque siempre hay cuatro tarados
que escriben sobre papelinas
la crudeza del ser,
la histeria enmudecida.

Por eso tienes, sin quererlo, hoy aquí
un tropel de sucios garabatos,
la mimesis de un arlequín,
la vibración de cien portazos;
la razón esputa sobre tu cabeza
cuando adoras tu batín
y la carencia de torpeza
de mi carta baladí.

Siento con firmeza la postura de mi miembro
si se trata de anegar tu plática de agua de primavera.
Huyo de ideales, de etiquetas en la frente,
de gaviotas con el ala rota, de mustias rosas malolientes.

Guardo en mi haber el odio a la “mano alzada”
de brazos pudientes en nombre de los estómagos vacíos.
Procurad ventilar, cerebros abotargados,
la malicia en el poder, la corrupción de aborregados,
la estulticia somnolienta que guardáis en los bolsillos,
los misterios empañados por un hombre en buen aliño.

Carta Baladí 2015 © Todos los derechos reservados